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REMERA FIRMADA POR JUGADORES DE BOCA JUNIORS

domingo, 20 de octubre de 2013

Empate mendocino

La mesa estaba servida para descontar puntos, arrimarse a ese Newell’s que sigue firme en la cabecera, e intimidar con una arremetida azul y oro. Pero justo el día en que todos jugaron para Boca, porque también patinó Arsenal con Tigre y la posibilidad de quedar como escolta estaba al alcance de la mano tras la derrota del líder ante Central, Boca no jugó para Boca. En el camino se cruzó un duro Godoy Cruz, que de local apenas había recibido un gol, y que dio vuelta el partido para salvar su invicto y dañar los sueños xeneizes. Por más que el equipo del Virrey, con más esfuerzo y coraje que claridad e ideas, llegó al empate sobre el final gracias al penal que Chiqui Pérez cambió por gol.
La ilusión se sostenía en los números, en las cuentas que cada hincha hacía para adentro, sobre todo después de la derrota de Newell’s que había avivado el torneo, pero la realidad es que Boca llegaba con sus dificultades encima, con bajas varias, sin un Gago que es vital como bastonero de Riquelme, con un Román justito en lo físico, con una defensa improvisada de punta a punta… Y todo eso quedó expuesto sobre el césped del estadio mundialista de Mendoza.
El gol de Emmanuel Gigliotti, en la segunda aproximación de Boca tras un remate de Riquelme que había salido alto, no alcanzó para tomar el control y trasladarle las tensiones al local. El empate llegó muy pronto, con una pelota movida de derecha a izquierda, que desnudó los riesgos de tener que improvisar una defensa cada fin de semana. José Luis Fernández picó al vacío a espaldas de Jesús Méndez y cruzó el remate que entró junto al otro palo de Orion.
Encima, para colmo de males y sorpresas, el Tomba no dejó acomodar a Boca en el comienzo del segundo tiempo que asestó otro golpe mortal a los dos minutos, cuando Lértola metió el bombazo que dio un poste, cruzó el arco y le quedó servida a Obolo, que corrigió al gol con un remate seco y potente. Mientras Bianchi se agarraba la cabeza, protestaba por esa siesta tan cara y preparaba cambios para ir a buscar el resultado, Boca trataba de recomponer la línea con la batuta de Riquelme, alguna llegada de Jesús Méndez por derecha, alguna arremetida de un Burrito Martínez intermitente y un Gigliotti siempre listo para pelear en el área así no le llegue una bola limpia.
Las emociones quedaron para el final. Primero con una infracción sobre Cangele que el árbitro vio adentro pero luego dio afuera del área. Y, minutos después, sí concedió penal por una clara infracción sobre el Burrito Martínez, que Chiqui Pérez cambió por gol con un remate seco. Para el final quedaron los desbordes, empujones, las tensiones de un partido jugado a mil y con la adrenalina en plena erupción, que manchó un partido jugado al límite pero con lealtad. Más bronca todavía, aún, le queda a ese hincha de Boca que soñaba con ver al equipo a tres puntos de Newell’s y lo encuentra a cinco.

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